Educación en el Contexto de la Postmodernidad o
La Crisis de los Contenidos.
César Pérez Hidalgo.
Para lograr una comprensión del fenómeno de la Postmodernidad, debemos, primero, definir lo que entenderemos por Modernidad. En este sentido, aquella se entiende como el resultado de los procesos de Ilustración sucedidos a partir del siglo XV, los cuales apuntaban a impulsar una visión del mundo y análisis de la realidad a partir de la Razón, eje de la Modernidad, lo cual traería consigo un progreso constante para la humanidad. Como resultado de lo anterior, se vivió un momento dominado por las relaciones aproblemáticas del discurso científico, que objetivaba la realidad, uniendo de manera estrecha el signo con su referente[1]. Así, el lenguaje mágico fue desechado poco a poco, instaurándose una época, como dijimos anteriormente, dominada por la Razón. Sin embargo, el camino de la relación del signo con su referente no terminó allí. Más aún, no tardó en iniciar un alejamiento de este último, acercándose al significado. De esta forma, el lenguaje puede expresar utopías, se libera, aunque sin negarla, de su asentamiento en la realidad a la cual lo ataban las ligaduras del racionalismo científico.[2]
Pero este proceso no terminó allí. La fuerza de reificación logró penetrar en el signo mismo, separándolo de su significado.[3] De este modo, el lenguaje deviene en significantes puros, que se agrupan y vuelven a reagruparse de modo constante, sin siquiera acercarse a la realidad ni a un referente específico.[4] Es este el momento que denominamos Postmodernidad, una época en la cual el texto se resiste al significado[5], presentándose como un flujo de signos en constante movimiento.
Es tomando en cuenta estos elementos, que creemos que el fenómeno de la Postmodernidad, ha influido de gran manera en el ámbito educativo, generando una verdadera crisis en lo que respecta a los contenidos que los docentes deben tratar con sus estudiantes en el aula. En el artículo anterior, decíamos que con el Iluminismo, toda pretensión de conocimiento es abandonada[6], ya que este se vuelve una mera suma de verdades estadísticas comprobables. Pero con la Postmodernidad la misma pretensión del conocimiento ha sido relativizada, vaciando de contenido la labor educativa, y provocando que, de ser un ente formador de estudiantes, el docente pase a ser un entretenedor de adolescentes[7]. Esto, ha ocurrido por la vía de, por lo menos, dos causales, las cuales analizaremos a continuación.
En primer lugar, creemos que este proceso de crisis de los contenidos en educación ha sido preconizada por una mala interpretación, o una aplicación desviada de sus principales objetivos, del denominado Paradigma Constructivista. Este, según Botella y Figueras, en un primer momento se basa en la epistemología genética de Piaget, centrado en el lema aprender a aprender y donde, como recomendación pedagógica a nivel práctico, se recomienda que el profesor pase a ser un mero guía de los estudiantes, que son los que tienen que construir su propio aprendizaje.[8] Con esto, se inició una práctica educativa que ya no apuntó a generar conocimientos en los estudiantes, sino que al impulso de habilidades en los estudiantes. Dicho principio, si bien es justo y resulta ser una buena guía para el ejercicio de la profesión docente, degeneró en prácticas que poco ayudaron en la formación de los jóvenes que acudían a las escuelas. Muy por el contrario, en pleno desarrollo de la Postmodernidad, apuntó a que el estudiante “fuese feliz” en la escuela, desarrollando sus capacidades personales, su autoestima, trabajo en equipo, etc. Lo anterior, desdeñó el énfasis en los conocimientos, en los contenidos, pasando estos a un segundo o, incluso, un tercer plano.
Luego, en una segunda época, se hace énfasis en retomar los principios originales de la revolución cognitiva, esto es en la construcción del significado, tomando en cuenta las aportaciones de Vygotsky.[9] En este sentido, el giro considera igualmente la necesidad de que el estudiante aprenda mecanismos para que a lo largo de su vida pueda seguir construyendo nuevos conocimientos, pero igualmente se consideran las aportaciones conceptuales de las distintas disciplinas que abordan los planes y programas de estudio como un eje en el cual se centra la construcción de dichas habilidades.
Como segunda causal, y muy ligada a la anterior, planteamos el hecho de que el mismo trabajo burocrático docente ha dado cabida al desarrollo de la crisis de contenidos que analizamos en este artículo. En este sentido, con la implantación de los nuevos paradigmas en el trabajo educativo, se ha desarrollado una potente intensificación de la labor docente, esto es, el surgimiento de nuevas tareas a realizar, tanto en el ámbito individual como colectivo. A este respecto, consignaremos el hecho de que cada vez el tiempo dedicado por los profesores en las labores eminentemente educativas y de estudio de contenidos se ha visto disminuido frente a los requerimientos de la burocracia educativa.[10] La necesidad de planificar y coordinar actividades ajenas al proceso educativo, han llevado a que la brecha que separa a los estudiantes del tratamiento profundo de los contenidos sea cada vez más ancha.
A este respecto, podemos señalar dos salidas. En primer lugar, la designación, dentro del proceso de enseñanza, de mayores tiempos de preparación para la enseñanza, a fin de que los docentes, junto con incorporar metodologías cada vez más amables y participativas, logren desarrollar contenidos con los estudiantes al interior de las aulas. Esto, se logra a partir de una voluntad expresa de los cuerpos directivos de las distintas unidades educativas, que se manifiesta en darle espacio a dicha preparación. En segundo lugar, creemos necesaria la priorización de los tiempos de trabajo al interior de los establecimientos educacionales en torno a la Educación, y no a la Administración[11], ya que sólo así los docentes lograrán, de una parte, planificar de buena manera sus estrategias de enseñanza, y por otra, dar realce al tratamiento de contenidos, de modo que la labor educativa vuelva a ser un mar lleno de pensamiento, reflexión y crítica, y no sólo un espacio de adiestramiento de mano de obra.
[1]Jameson, F: Teoría de la Postmodernidad. En Cuadra, A; Ossa, C: Modernidad y Comunicación Social. Texto de la Asignatura. Programa de Maestría en Ciencias Sociales. Universidad ARCIS. Santiago. Chile. 2009. Pág. 133.
[2]Jameson, F: Teoría de la Postmodernidad. En Cuadra, A; Ossa, C: Modernidad y Comunicación Social. Texto de la Asignatura. Pág. 134
[3]Jameson, F: Teoría de la Postmodernidad. En Cuadra, A; Ossa, C: Modernidad y Comunicación Social. Texto de la Asignatura. Pág. 134
[4]Jameson, F: Teoría de la Postmodernidad. En Cuadra, A; Ossa, C: Modernidad y Comunicación Social. Texto de la Asignatura. Pág. 134
[5]Jameson, F: Teoría de la Postmodernidad. En Cuadra, A; Ossa, C: Modernidad y Comunicación Social. Texto de la Asignatura. Pág. 128
[6]Adorno, T; Horkheimer, M: Concepto de Iluminismo. En Valderrama, M: Modernidad y Ciencias Sociales. Texto de la Asignatura. Pág. 85.
[7]Blanco, N: Dilemas del Presente, Retos para el Futuro. En Hargreaves, A: Profesorado, Cultura y Postmodernidad: Cambian los Tiempos, Cambia el Profesorado. Editorial Morata. Madrid. España. 2005. Pág. 14.
[8]Botella, L; Figueras, S: Educación, Constructivismo y Postmodernidad. Facultad de Psicología y Ciencias de la Educación. Universidad de Blanquerna. Barcelona. España. 2008.
[9]Botella, L; Figueras, S: Educación, Constructivismo y Postmodernidad.
[10]Blanco, N: Dilemas del Presente, Retos para el Futuro. En Hargreaves, A: Profesorado, Cultura y Postmodernidad: Cambian los Tiempos, Cambia el Profesorado. Pág. 14.
[11] Blanco, N: Dilemas del Presente, Retos para el Futuro. En Hargreaves, A: Profesorado, Cultura y Postmodernidad: Cambian los Tiempos, Cambia el Profesorado. Pág. 14.

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